Autobiografía.


Soy Ana maría, Nací el 20 de mayo de 1994 no recuerdo, pero he sabido que era un día caluroso, áfono; cuando mi madre sentía el precepto de mi nacimiento, allí postrada sobre la incertidumbre me concibió a un mundo, sacándome de otro del cual provine y ahora nadie recuerda. Frente a un cementerio se inicio la paradoja de mi vida, una paradoja “muerte-vida”, que tan ingenuo es pensar que donde reposa la muerte no se engendra la vida.

Lo mejor de todo es que cada año sucede igual, mi vida es avanzada con un nuevo tiempo de vida mientras que para otros el detrimento de sus intereses los condena a morir en “paz”.

Recuerdo que de pequeña me distinguía por mi egoísmo hacia las maldades inocentes y mi calma se mantuvo y mantendrá vigente hasta que mi ser lo decida. Recuerdo que me encantaba jugar con muñecas de cuerpos extraños, fabricadas sin sentimientos para lo cual era yo experta, en atribuírselos.

No disfrutaba, nunca de llevar la contraria a los consejos de mi madre que de pequeña vi como palabras rugiendo de sus labios y ahora veo como tigres acechando hacia aquellas nuevas palabras que quieran atacarme.
Así pasó entonces, el primer lustro de mi infancia, el tiempo de conocimiento; lo que surgió de allí en adelante no fueron más que mínimos y voraces instantes que irrumpían mi paz pero con la ayuda de una valiente y batalladora guerrea a la cual titulé “Nana” los golpes que a mi eran lanzados, eran esquivados de igual medida. Es por ellos que la considero mi segunda madre, nana, mi segunda guerrea.

Después de ello, y cuando ingrese a la floreciente juventud de mi vida, mi padre un hombre un tanto precavido comenzó con una tediosa labor la cual era la de crear en rededor mío muros impenetrables, los cuales veo ahora impenetrables aún para mi. De él, no quiero hablar mucho, lo único que lo resume es un hombre apasionado por su labor protectora, una labor que no descarta y no descartará a menos que decida, por mi cuenta descartarla.

Durante mi infancia y mi vida actual, agradezco a Dios por enviarme junto a mi a tres preciados seres, que amo y admiro, mis hermanos ellos igual a mi tienen trazadas metas tan claras como la que ahora tengo de ser una gran bacterióloga.

Lo demás que no relato, son pequeños percances en mi vida que he decidido no prestar atención.

Y bien, ¿Quién se habrá imaginado que aquella niña de cabello largo, sonrisa sincera, robusta (por cierto) iba a estar ahora terminando sus estudios, para continuar su vida tan clara en el mundo de las letras y los números?

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